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Mira Khadkha - La Casa de las Viudas PDF Imprimir E-mail
Mira Kahdkha - Un ángel en una silla 
 
Mira 
 
Me llamo Mira Khadka, tengo 37 años y hoy vivimos en Jeetpur, cerca de Bhaktapur. Asi empieza la entrevista a la viuda de Sanjey, a los que algunos, los que sois más antiguos, quizás conocisteis. Conocí a Sanjey hará cosa de 25 años, sino más, cuando él era un niño alegre, simpático y muy listo, que a sus 10 años ya hacía de guía para los pocos turistas que visitaban Bhaktapur, que por aquellos entonces se llamaba Bhadgaon, la ciudad de la meditación, quizás porque era una ciudad llena de templos, cerrada al tráfico, limpia y muy tranquila. 
 
 
 
Mira 
 
En aquellos días el pequeño Sanjey era mi sombra. Yo le propuse a Sanjey que asistiese ala escuela, pero el me repetía que estudiar no era garantía de encontrar trabajo, y que era mejor aprender a ganarse la vida de pequeño, porque así, al hacerse mayor, sabría qué hacer ante las dificultades. Lo que Sanjey no sabía es que se encontraría con distintos tipos de turistas y que algunos le empezarían a pedir Marihuana o niñas con las cuales acostarse.
Y esto le reportó muchos beneficios, beneficios que perdía pronto al ser encarcelado y tener que pagar fianzas, y también los perdía rápido al juntarse con otros amigos cuyos caminos no eran los más positivos para él. Con los años perdí el contacto con Sanjey, hasta que un día, por casualidad, nos encontramos en una esquina cerca de la vieja estación de autobuses de Bhaktapur.
Nos reconocimos, y me impresionó que había adelgazado mucho, pero sobre todo me impresionó ver como su mirada medio perdida buscaba con ansiedad el exterior a través de unos ojos amarillentos y llorosos. Habían pasado diez o quizás más años desde la última vez que nos habíamos visto. 
 
Mira 
 
Nací en Ramechhap en una familia de clase media. Mi padre trabajaba en la oficina de correos y no teníamos problemas para comprar alimentos ni para ir a la escuela, aunque cuando yo ella era niña las mujeres no íbamos a la escuela, pero mi padre me obligaba a ir con mis hermanos, y gracias a mi padre ahora puedo leer y escribir. Conocí a Sanjey porque uno de mis primos también trabajaba como guía y era muy amigo de Sanjey, y a veces los dos compartían el trabajo. Así nos conocimos, a través de mi primo. Yo le gustaba a él, pero él a mí no me gustaba y recuerdo que muchas veces venía a casa de mi primo para verme. Pasó un año y me dijo que deseaba casarse conmigo y que si no se podía casar conmigo se suicidaría. Accedí a presentarlo a mis padres, pero mis padres no estaban de acuerdo en que me casase con él. Poco a poco aprendí a quererle. Yo sentía que Sanjey me quería mucho, y un día y sin el consentimiento de mis padres nos casamos. En Nepal esto significaba que yo nunca más podría regresar a mi casa ni visitar a mis padres, ya que al casarnos sin su aprobación rompíamos con ellos para siempre.
 
Mira 
 
Nis fuimos a vivir a Bhaktapur y no con la familia de mi esposo porque el padre de Sanjay y él no tenían buenas relaciones. Sanjay era muy independiente y ya desde pequeño vivía por su cuenta y con sus amigos. Sanjey trabajaba con los turistas y yo trabajaba en casa haciendo gorros y guantes de lana. Nuestra vida era tranquila y muy bonita, no nos faltaba de nada y nos queríamos mucho. Al año de casados nació Samita, y con ella todavía creció más nuestra felicidad.
Era como una muñeca, dulce y preciosa. Sanjey ganaba cada vez más dinero y me decía que habían muchos turistas y que en las tiendas le daban comisiones. Nació Sanguita, nuestra segunda hija, pero algo estaba yendo mal, porque algunas noches Sanjey no regresaba, me decía que tenía que llevar turistas a visitar otros pueblos, y a veces estaba enfermo, cansado y yo veía que algo andaba mal. le diagnosticaron HIV positivo. No sabíamos qué hacer.
 
MIra 
 
Poco después le diagnosticaron hepatitis y tuberculosis. Sanjey estaba adelgazando muy deprisa y enviamos a las niñas al pueblo con mi familia. Tuvimos mucha suerte de que un hermano de Sanjey aceptó cuidarlas. Teníamos dinero y podíamos cubrir los gastos de escuela y alimentación de las dos niñas y la medicación se Sanjey. Pero su salud empeoraba cada vez más, y pasados cuatros años el médico dijo que había que hospitalizarlo. Entonces los gastos eran muchos y yo estaba constantemente a sus lado para cuidarlo, sentada en una silla, viendo como cada vez adelgabaza más y la enfermedad se lo estaba comiendo lentamente, igual que se comía todo el dinero que teníamos ahorrado. Habíamos llegado el límite y ya no había más. Entonces fui a la fudación a pedir ayuda para Sanjey y para las niñas. Recuerdo muy bien este día en el que Mira llegó. Nos explicó cómo estaba Sanjey y las niñas, pero cuando le pregunté , - Y tú, cómo estas? entonces rompió a llorar, y me dijo- Estoy muy cansada. Ya son dos años de estar sentada en una silla en un hospital, pero si tubiese que estar toda la vida a su lado,...lo haría. Hace un año y tres meses Sanjey murió.
 
Mira 
 
Mira y sus dos hijas vuelven a vivir juntas. Mira nos dice que no se olvida de Sanjey. De aquellos momentos felices cuando se conocieron, cuando él le decía que o se casaban o se quitaba la vida, cuando jugaban con la pequeña Samita. Nos dice que no olvida los tiempos felices, y que tampoco olvida como la muerte se lo robaba día a día durante más de seis años, y cuando ella, sentada en una silla al lado de su cama, lo tomaba de la mano..., pero no lo pudo retener.
Queremos daros las gracias a todos que apoyáis el proyecto de la Casa de las Viudas. Un proyecto que cada vez tiene más importancia, porque las viudas en Asia son personas necesitadas, y gracias a vosotros esta vez también se pudieron pagar los gastos del Hospital, los medicamentos, visitas y transportes ...y ahora esta familia, como a otras a las que se ayudan, está empezando a salir adelante.
Nirika y Toni.