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Tara Devi - La casa de las Viudas PDF Imprimir E-mail
Tara Devi - Una estrella siempre es fugaz 
 
Tara Devi 
 
Estimados amigos de Namaskar, hay situaciones en que hemos de reunir el máximo de ayudas para levantar a una familia, y este es el caso con Tara Devi, donde gracias a la suma de ayudas esta familia puede seguir adelante. Os explicamos su historia, una historia dura para esta familia que procede de la India, pero no hay vuelta atrás y ahora queda seguir adelante. 
Nací en Dalahar, India, hace 40 años, nos dice esta mujer, Tara Devi, y yo era la pequeña de una familia con seis hermanos. Vivíamos con mi madre y mi padre en una choza de barro y caña, como viven muchas familias en la India rural.
 
 
 
Éramos felices hasta que mi padre murió de hepatitis cuando yo tenía 10 años. Entonces nos tuvimos que desplazar a Kharuwa, puesto que el propietario de las tierras que estábamos cuidando puso a otra familia en nuestro lugar. En Kharuwa teníamos familiares. Mi madre me casó cuando yo tenía 12 años con Dinesh Lal Ram que tenía 15 años, pero no me fui a vivir con él hasta pasado un año, durante el cual pude cuidar de mi madre y de mis hermanos. Entonces la familia de mi esposo me vino a buscar urgentemente porque Dinesh, también tenía hepatitis y se estaba muriendo y no tenía descendencia y tenía que tenerla antes de morir. Pasado un mes y medio, Dinesh murió.
 
Tara Devi 
 
Regresé a casa de mi madre, nos dice Tara, pero pronto descubrí que había quedado embarazada. Esto creó muchas tensiones entre las dos familias porque discutían para saber dónde yo tenía que ir a vivir con este niño. Finalmente decidimos que yo estaría en casa de mi madre durante los primeros años de crianza y luego, pasados estos años, iríamos a vivir con el niño a la casa de la familia de mi esposo. Y así pasaron cuatro años. Mientras, el pequeño Deepak se fue haciendo mayor y ya podía andar por su cuenta.

En nuestra tradición es costumbre que si una mujer pierde al esposo se case con otro hermano del esposo que esté soltero, pero Dinesh era el pequeño y ninguno de sus hermanos estaba por casar. Esto ponía mi sutuación más difícil, y mi vida estaba dedicada a trabajar y a sevir a toda la familia. Pero no era una buena solución porque las esposas de los otros hermanos estaban muy celosas conmigo y querían que me marchase. Mi suegra también.
Yo no había pensado en casarme otra vez, pero era la mejor solución para que se terminasen los problemas de celos en esta familia, y mi suegra me dijo que si no me casaba con este hombre me tendría que ir de su casa. Me casé con Hira Ram y vine con él a Kathmandu. Hira vendía globos y pequeños juguetes para los niños del barrio. Los conocía a casi todos por nombre y ellos a él también. Salida de buena mañana con su bicicleta cargada con un
depósito donde llevaban agua y una bolsa con carburo, y regresaba a casa cuando había vendido los globos que necesitábamos para ir viviendo cada día.
 
Tara Devi 
 
La familia crecía y en pocos años nos vimos con nueve niños en la casa, que en realidad era una habitación de 8 metros cuadrados. Cuando llegaba el monzón, con la lluvia y las tormentas se vendían muy pocos globos. Por suerte pudimos pagar la dote y casar a las dos hijas mayores, pero cada vez se nos hacía más difícil conseguir sobrevivir. 
Fue entonces, cuando no encontrábamos solución y cada vez tebníamos má deudas, cuando fuimos avisitar la fundación, y los niños fueron escolarizados, tambié podían asistir al Open Centre Namaskar, y comer cada día. Y esto fue de un agran ayuda. En esta foto de hace unos 8 años podemos ver a los tres pequeños de la familia. Gracias a las ayudas canalizadas hacia ellos, esta familia India empezaba a remontar las dificultades y veíamos que dentro de la simplicidad se sentían felices.
 
Tara Devi 
 
En India hay muchas fiestas locales y un día la fiesta llegó a nuestro pueblo, y las fiestas son momentos apropiados para que las chicas y los chicos se conozcan. Allí cruzamos nuestras miradas con Hira Ram, un hombre de Bihar, India, y que estaba trabajando en Kathmandu. El era viudo y tenía dos hijas de su matrimonio anterior y estaba buscando a una mujer que pudiese cuidar de él y de sus hijas. Sabía por un amaigo que yo también era viuda y por este motivo había venido a las fiestas y quiso hablar con la familia de mi esposo.
 
Tara Devi 
 
A veces Hira, mi esposo, se encontraba mejor, y entonces yo podía ir a estudiar y aprender a leer y a escribir con las otras mujeres del barrio, pero lo que más me preocupaba era que no sabíamos que enfermedad tenía porque los médicos no nos decían nada. Cuando llegaba a casa apenas hablaba con los niños, y yo le veía muy preocupado. Mi esposo, Hira Ram, estaba mal de salud y por esto vendía globos y pequeños juguetes en la puerta del Zoo de Kathmandu. Gracias a la ayuda de la fundación pudo operarse del estómago, pero seguía estando con pocas fuerzas. Las visitas al hospital eran cada vez más frecuentes. Pero yo podía salvar tiempo para acompañarle porque los más pequeños estaban protegidos. La mesa de la habitación cada vez estaba más llena de medicinas. Cuando yo le preguntaba qué estaba pasando, él me decía que había sido un día de trabajo muy duro, y que ir hasta el Zoo con la bicicleta y con tanto tráfico le cansaba mucho. Aquella noche llegó más cansado que de costumbre, su mirada estaba como perdida mientras pensaba en algo. Yo le veía como lejos de todo, y una vez más le pregunté si se encontraba bien y me sonrió y me dijo, cansado, hoy estoy muy cansado.
 
 Tara Devi
 
Se acostó sin cenar, y a media noche gritó. Abrí la luz y me di cuenta de que se había tomado un medicamento que yo no había visto antes. Conseguimos llevarlo al hospital, pero el médico nos dijo que acababa de morir por envenenamiento. Eran sobre las seis de la mañana cuando me avisaron de que Hira había muerto, y fui a ver a la familia. La habitación sudaba dolor por todas partes, desespero... Sony, la mayor, estaba fuertemente agarrada a la camisa de su padre. Sharman, el pequeño, tapado dentro de la cama para que no se le viese llorar, pero todas las mantas del mundo no hubiesen podido acallar el gemido de sus llantos, y las demás niñas abrazadas a la la madre de manera que no se podía saber si era ella la que las consolaba, o eran ellas las que la estaban consolaban. Y el hombre de los globos se había ido del barrio,...como una estrella fugaz. Y una vez más, gracias a las ayudas de varias personas, y especialmente de la Asociación Namaskar, pudimos ayudar a esta familia en los gastos de la despedida de Hira. La vida sigue y en el cielo todavía hay estrellas. 
 
Tara Devi 
 
Nirika y Toni.