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Santoshi B.K - La Casa de las Viudas PDF Imprimir E-mail
 
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Santoshi B.K
Mariposa de cristal
Nací hace 30 años en Sarlahi, en el distrito de Janakpur, Nepal, que hace de frontera con India. Nunca conocí a mi padre porque me dijeron que murió al caerse de un árbol mientras estaba cortando leña. Yo vivía con mi madre y mis hermanos mayores. En nuestra familia no teníamos tierras y mi madre se casó con otro hombre con el cual tuvieron dos hijos varones, pero este hombre nunca nos trató bien porque no éramos sus hijos, y a mi me casaron a los 10 años con un chico de 18 que no me gustaba nada y que se llamaba Phúskar. Yo tenía mucho miedo y me negaba a acostarme con él, y entonces él se enfadaba mucho y se iba de casa, y yo me quedaba en el pueblo trabajando para su familia. Su familia se enfadó porque yo no les daba hijos, y pasados unos años decidieron casar a Phúskar con otra mujer y tuvo una niña. Vivíamos todos juntos y yo quedé embarazada y tuve un niño, Kumar, pero la familia preferían a la otra mujer y teníamos muchas peleas.
Así empieza la historia de Santoshi B.K., viuda desde hace pocos meses y que es apoyada por la Asociación Namaskar.
 
 
 
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Actualmente las leyes en Nepal no permiten los matrimonios infantiles, y la edad legal mínima para casarse es de 18 años, pero en muchos pueblos no se registran las fechas de nacimiento, y no es extraño encontrarnos con niñas que se casan a los catorce años, es decir, en cuanto pueden tener hijos. 
 
Cuando nació Kumar me sentí muy sola porque mi esposo y su familia no querían saber nada de nosotros, y en esta familia solamente me querían para trabajar, y con el niño recién nacido yo ya no podía trabajar tanto.
Cada vez había más dificultades, y con mi hijo Kumar dejamos aquella casa y nos fuimos a vivir con una prima a Sundara, donde trabajé para una familia India durante casi dos años. Kumar nunca conoció a su padre. Durante este tiempo nos hicimos muy amigas de una mujer que vendía caramelos y cigarrillos en la calle. Un día, esta mujer me propuso un buen trabajo en “Maru Tole”. Me dijo que podíamos ganar mucho dinero, y dado que yo tenía muchos problemas económicos acepté y me fui con ella a Kathmandu. Fuí con mi hijo Kumar, y allí había una habitación con otras mujeres viviendo juntas. No me gustó y quise escapar, pero no me dejaron salir a la calle porque había unos hombres que nos vigilaban y no nos dejaban salir. Estas mujeres tenían distintas procedencias y eran......, éramos vendidas.
 
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Llegados a este punto vemos que se genera una cierta incomodidad y preferimos cambiar de tema. Después de una pausa nos dice que había un hombre mayor que era viudo, se llamaba Gopi, y que la visitaba a menudo. 
Gopi era un buen hombre que tenía dos hijos y dos hijas de su primer matrimonio, y me propuso ir a vivir con él llevándome a Kumar y hacer de madre para toda la familia. Entonces yo tenía 18 años y Gopi 45. Para poderme sacar de esta casa de las mujeres Gopi pagó 7.000 rupias (unos 70 euros) y entonces me puede ir con él. Salir de allí fue como nacer de nuevo. 
 
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Gopi hacía rosarios tibetanos con huesos de búfalo, que en las tiendas los venden a los turistas diciendo que están hecho con huesos de Yak. Sus hijos mayores trabajaban ocasionalmente en la construcción. Con este hombre nos llegó una niña a la que llamamos Bímala y luego un niño, Madan, y dado que sus hijos del primer matrimonio ya eran mayores, y la habitación donde vivíamos ya se nos hacía pequeña para todos, nosotros nos fuimos a vivir al barrio 18 de Kathmandu.
 
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Gopi bebía mucho. Yo le ayudaba a hacer los rosarios tibetanos, que a veces se vendían bien y otras veces eran más difíciles de vender. Comprábamos los huesos de los búfalos al matadero que está cerca de casa, se podían comprar por piezas o por kilos. Normalmente se utilizan las costillas o las paletillas y con un torno eléctrico hacíamos las piezas, y de los sobrantes hacíamos polvo que servía como abono. La dificultad en este barrio es que no había bastante electricidad y solamente podíamos trabajar algunas horas al día y teníamos muy poco beneficio.
 
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Fueron tiempos muy difíciles para nosotros. Vivíamos con lo mínimo y a veces el dinero no llegaba para alimentar a los niños. Entonces supe del programa de alfabetización de mujeres del barrio y empecé a estudiar, y aprendí rápido y me gustaba mucho ir a las clases con las otras mujeres.. Gracias a la fundación los niños fueron escolarizados, y cuando no teníamos dinero para comer podían ir a comer a la Kumari House, y los niños también podían ir al Open Centre Namaskar donde les daban merienda y podían jugar con otros niños del barrio
 
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Y así pasamos unos años. Pero un día Gopi empezó a encontrarse mal y tuvo un derrame cerebral y no podía moverse. La fundación nos ayudó mucho durante estos días, y aunque hicimos todo lo posible para salvar la vida a mi esposo, a los pocos días murió. 
 
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Para los que queráis saber más sobre esta familia, podéis leer el informe del Open Centre de Enero del 2012, pero os sorprenderá que la entrevista no cuadre completamente. Esto me hace pensar que durante la primera entrevista, Santoshi, quiso contar una versión distinta delante de su hijo a la que nos ha explicado ahora... Respetamos lo que nos dice. Actualmente Santoshi está en el programa de ayuda social de la Casa de las Viudas, y gracias al apoyo de la Asociación Namaskar ha empezado su pequeño  negocio de venta de Snacks y agua mineral, que vende en la entrada del Bir Hospital, para las personas que están esperando a ser visitadas. 
 
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En nombre de la familia B.K, muchas gracias a todos los que hacéis posible que sigan adelante.